«En las entrañas de la colina no hay lugar para el idilio». Borja Sánchez Marcote.

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Hoy hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Borja Sánchez Marcote, subdirector y profesor de la Escuela de Imagen y Sonido de Valladolid (ACEIMAR) quien tuvo la oportunidad de exponer su obra “La colina” del 3 de septiembre al 18 de octubre de 2020, en el Museo Patio Herreriano de Valladolid, gracias a la convocatoria de artistas locales que organiza el Ayuntamiento de Valladolid a través de la Fundación Municipal de Cultura en el marco de la iniciativa CreArt (Network of Cities for Artistic Creation).

¿Dónde y cómo comenzó tu pasión por la fotografía?

Es complicado fijar un momento exacto. De pequeño siempre he estado en contacto con ella de manera directa o indirecta. Siempre he visto a mi padre con la cámara de video, a mi madre con la cámara de fotos y eso es algo que de un modo u otro hace que te llame la atención ese objeto, que lo quieras coger y ser tú quien hace las fotos. Además siempre guardas el recuerdo de pequeñas excursiones con el colegio en las que te llevabas una cámara desechable, la cámara de Indiana Jones que te regalan por tu cumple… y de ahí a la que te das cuenta el siguiente paso es tu primera cámara digital de apenas dos megapíxeles y no dejar de tomar fotos hasta ahora. Creo que también influye el que desde niño siempre he estado muy expuesto al arte, acostumbrado a visitar los fines de semana los museos con mis padres, participar en talleres, etc.

El artista, Borja Sánchez, en la puerta del Museo Patio Herreriano.

¿Cómo ha sido tu evolución fotográfica?

Entiendo que te refieres a la evolución de mi estilo o de mi forma de fotografiar. Al principio empezó siendo una fotografía muy de viajes o de postales, fotografiando monumentos, puestas de sol, montañas, nubes… pero llega un momento en el que te das cuenta de que todo eso ya está fotografiado y a lo mejor merece más la pena disfrutar de esa puesta de sol. A partir de ahí empecé a usar la fotografía más como un lenguaje, una forma de expresarme.

¿Qué debería tener para ti una buena fotografía?

Esta es una muy buena pregunta, porque yo creo que hay dos tipos de fotografía y dos maneras de disfrutarla. Por un lado, tienes esa fotografía espectacular de la torre Eiffel, que técnicamente es impecable, o una fotografía nocturna en la que aprecias todo el skyline de Nueva York, que está bien compuesta, bien expuesta… pero por otro lado tienes esas fotografías que a lo mejor técnicamente no son tan espectaculares, pero si tienen un poso o te dejan una huella.

Sucede algo similar con las películas, algunas son muy entretenidas, muy efectistas, pero no te dejan ese poso, ese toque reflexivo. Sin embargo, hay otras que al principio te cuesta más digerirlas, pero a lo mejor te tiras luego varios días pensando en algunas frases, en algún plano o algún diálogo. Entonces para mí una buena fotografía es aquella que es capaz de hacerte sentir algo diferente, que conectas con ella de alguna manera, bien porque te identificas con el objeto fotografiado o bien porque despierta en ti diferentes emociones.

Serie «Refugios» de La colina. Borja Sánchez ©

¿Qué es lo que te motivó a hacer “La colina”? ¿Cómo se te ocurrió la idea de hacer ese proyecto?

En este caso en concreto es un proyecto al que llegué a través de la lectura, es decir, en ese momento estaba leyendo acerca de la guerra civil española y llegué a un episodio de ella en la Batalla del Jarama, en el que me topé con un lugar llamado «La colina de los suicidas”. A partir de ahí empecé a documentarme, a investigar… y a darme cuenta de que había un caso, un objeto de estudio. Una vez que encontré ese objeto de investigación fui al lugar a conocerlo y pasearlo, tomé las primeras fotografías de las que, si mal no recuerdo, no hay ninguna foto en el proyecto final. Después de esa aproximación hubo otras tantas. Yendo y fotografiando conforme a lo que iba sintiendo. El proyecto iba evolucionando, en un principio era algo más documental, es decir, simplemente las trincheras y con el tiempo fue derivó en algo más conceptual que es el sentimiento del soldado, el sentimiento humano.

Háblanos un poco de «La colina».

Me gusta contar poco del proyecto porque prefiero que la gente se acerque a él sin ninguna idea previa, y después contrastar con ellos que han sentido o cómo han entendido el proyecto. En todo caso para mi “La colina” es un proyecto muy reflexivo en el que pretendo ir más allá de la mera batalla y profundizar, nunca mejor dicho, en todas las capas que subyacen en ese conflicto, es decir, esos sentimientos tan humanos como puedan ser: la angustia, el miedo y la desesperación. Es un proyecto en el que, a través de dos series radicalmente diferentes, casi opuestas, como podrían ser los refugios y la metralla, se aborda un tema tan humano como es el miedo. Además, es un proyecto que va más allá de la fotografía y cuyo discurso expositivo se ve apoyado por documentos, fragmentos de metralla y piezas audiovisuales. Siempre tuve claro desde un principio que era un proyecto que requería ser expuesto con algo más que fotos.

¿Cuáles son tus influencias? ¿Quién te inspira?

Esta siempre es una pregunta complicada porque creo que todo lo que vemos nos influye de un modo u otro y por tanto condiciona nuestra forma de ver pero, no me quedaría con un solo fotógrafo. Me encantan fotógrafos de la agencia Magnum como: Koudelka o Stephen Shore, pero también disfruto muchísimo con Gregory Crewdson, por ejemplo. Creo que son igualmente importantes las referencias pictóricas como puedan ser: los prerrafaelitas, grabados de Gustave Doré, la pintura romántica de Caspar Friedrich. Me apasiona el cine francés, y películas como «Hiroshima mon amour» (Alain Resnais, 1959) , o «Mi noche con Maud» (Éric Rohmer, 1969). La música también juega un papel importante, especialmente cuando estás editando, los libros que te han marcado, en definitiva, todo te acaba influyendo entonces me resulta muy difícil responderte a esta pregunta.

A la hora de empezar a dar vida al proyecto, ¿tenías todo ya planeado o improvisaste en algún momento? Háblanos un poco de cómo fue el proceso de creación.

El proyecto es un proyecto vivo, es decir, aunque esté terminado, la forma en la que se expone está condicionada por la sala en la que es exhibido y esto hace que se puedan producir pequeños cambios. No es un proyecto estático que lo termine y ya está, no lo toco más. No me gusta hablar de improvisación sino de adaptación, de enriquecimiento, por ejemplo, en el Museo Patio Herreriano la propia forma alargada de la sala me remite a un refugio, a una cueva, y eso hace que la disposición de las obras sean de un modo concreto. Eso sí, siempre tuve claro hacer una aproximación muy aséptica, muy pura, pero no te puedo negar que ha sufrido diversos cambios, sin ir más lejos el propio blanco y negro.

¿Por qué escogiste hacer las fotografías del proyecto en blanco y negro?

Siempre me ha gustado el blanco y negro pero, su utilización en este proyecto no ha tenido nada que ver con mis gustos, pienso que el que un proyecto sea en color o en blanco y negro está más relacionado con lo que tú quieras expresar y sobre todo con la información que te aporta el color, en mi caso, por ejemplo, si pensamos en la metralla los colores eran muy uniformes, con unos tonos rojizos del oxido que no aportaban una información.

Además, el color en cierto modo es vida y mi proyecto no se caracteriza por ser de una temática alegre como pueda ser el malecón en la Habana. Estamos hablando de muerte, de miedo, de desesperación, de angustia, de guerra.

«Mentiría si digo que sentí lo que sentían los soldados cuando se estaban viendo asediados por las bombas, ese es un sentimiento inimaginable y que afortunadamente está lejos de que sea algo que podamos sentir»

Borja Sánchez Marcote

La colocación de las fotografías en la sala de exposición está dividida de manera que, las de metralla están a un lado y las de refugios están en el lado contrario. ¿a qué se debe?

La disposición de las obras en la sala no es casual, es cierto que en su momento contemplé el ir jugando con ellas mezclándolas, pero pronto deseché esa idea. Siempre quise mantener esa distinción entre esas dos series ya que se enfrentan entre sí, una es de exterior, otra es de interior, una habla sobre sufrimiento, otra sobre qué causa ese sufrimiento, en una predominan los blancos y en otra los negros. Son dos series muy diferentes entre sí y creo que mantienen un diálogo muy interesante entre ellas.

El proyecto habla sobre una de las batallas más sangrientas de la guerra civil española, La Batalla del Jarama. ¿Qué supuso para ti el estar tan sumergido en ese momento de la historia a la hora de hacer “La colina”? ¿Qué sentiste cuando entrabas en aquellos refugios y explorabas la zona?

Serie «Metralla» de la Colina. Borja Sánchez ©

Mentiría si digo que sentí lo que sentían los soldados cuando se estaban viendo asediados por las bombas, ese es un sentimiento inimaginable y que afortunadamente está lejos de que sea algo que podamos sentir. Si que imaginaba lo que debía de ser, cerraba los ojos tratando de ponerme en situación, pero tuvo que ser algo tan fuerte que es imposible de describir con palabras o fotografías. Lo que sí que es cierto es que sentí mucha empatía, empatía en el sentido de pensar mucho en aquellas personas, en su dolor, en el sudor que les costó cavar esas trincheras y la sangre que derramaron. Abstraje mucho o creo que fui capaz de abstraer la persona del sentimiento, es decir, olvidarme de quien era la persona que estaba ahí, me daba igual si era soviético o italiano, republicano o sublevado, lo que me interesaba era pensar y poner en valor el sufrimiento que tuvieron esas personas.

Seguro que has vuelto al lugar de la batalla después de acabar el proyecto. ¿Qué sientes cuándo vuelves allí?

En mi caso es un sentimiento de reencuentro, como quien ve a un viejo amigo y después de tanto tiempo le reconoce y charla con él, solo que es un dialogo mudo, es de nuevo un ejercicio de reflexión.

¿Qué más proyectos tienes en tu cabeza?

Ahora mismo tengo dos o tres en mente, pero el que más desarrollado tengo es uno que trata sobre las defensas costeras, las baterías que defendían la costa atlántica y que se construyeron a principios del siglo XX para defender el litoral gallego de una eventual invasión.

A parte de fotógrafo, eres subdirector y docente en la Escuela de Imagen y Sonido de Valladolid, ACEIMAR. ¿Cómo lo compaginas?

Afortunadamente tengo el placer de trabajar en aquello que me gusta y que disfruto haciendo, que es transmitir mis conocimientos y acompañar en el crecimiento personal y en el desarrollo artístico de mis alumnos, ser partícipe de sus logros y sus avances. Además es un trabajo que me obliga a estar en permanente actualización, leyendo constantemente, viendo mucho cine, mucha fotografía, visitando muchas exposiciones y en definitiva a estar siempre informado de las ultimas corrientes y novedades artísticas, a la vez me obliga a repasar y recordar tantos artistas clásicos que si no fuese así no tendría la ocasión de revisar.

¿Qué consejos le darías a alguien que quiera empezar a hacer un proyecto fotográfico?

Ver mucho cine, leer mucho, visitar muchas exposiciones, revisar el trabajo de otros fotógrafos… en definitiva estar empapándose constantemente de arte e inspiración. También me gustaría dar un consejo que a mí me funciona y es utilizar un mapa de conceptos, es decir, en una hoja en blanco ir poniendo de qué quieres hablar, aunque sean palabras sueltas, en mi caso recuerdo aquella libreta en la que apunté: colina, batalla, guerra, metralla, destrucción, angustia y tierra, e ir un poco agrupando esos conceptos y uniéndolos entre sí. En definitiva, esquematizar esas ideas y tener claro de qué queremos hablar para poder hacernos la siguiente pregunta: ¿Cómo lo queremos contar?

¿Qué futuro ves para el mundo de la fotografía?

Es muy difícil hacer un pronóstico o hablar del futuro, ya no solo de la fotografía, sino de cualquier sector en este año. No es ningún secreto que la fotografía vive una suerte de crisis permanente, que son muy pocas las personas que se dedican a ello y que pueden vivir de ello, pero aquí habría que distinguir de nuevo diferentes tipos de fotógrafos. Siempre va a haber fotógrafos de bodas, bautizos y comuniones, porque son muy necesarios, al igual que siempre va a haber fotógrafos de moda y publicitarios, son imprescindibles. Es interesante saber distinguir la fotografía artística y la fotografía comercial como oficio. Pretender vivir de la fotografía en su vertiente artística es muy difícil y más hoy en día. Son innumerables los fotógrafos que mueren en condiciones de pobreza, pero también es verdad que al mismo tiempo hay fotos que se venden a precios millonarios, Mi consejo es que no nos cerremos a nada, hacer fotos o tener un proyecto fotográfico no implica que tu no puedas ejercer otro tipo de profesiones como pueda ser la docencia, el periodismo, o incluso reponedor de supermercado.

Entrevista publicada en El Merodeador.
Redacción y fotografía: Cora Barbat

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